historia parroquia Ntra. Sra. Asuncion


I Vísperas DOMINGO IV

VISPERA 4

HIMNO:

Santa María de la esperanza,
   mantén el ritmo de nuestra espera,
   mantén el ritmo de nuestra espera.

Nos diste al esperado de los tiempos,
mil veces repetido en los profetas.
Y nosotros de nuevo deseamos,
que vuelva a repetirnos sus promesas.

Brillaste como aurora del gran día,
plantaba Dios su tienda en nuestro suelo.
Y nosotros soñamos con su vuelta,
queremos la llegada de su reino.

Viviste con la cruz de la esperanza,
tensando en el amor la larga espera.
Y nosotros buscamos en los hombres
el nuevo amanecer de nuestra tierra.

Esperaste cuando todos vacilaban,
el triunfo de Jesús sobre la muerte.
Y nosotros esperamos que su vida
anime nuestro mundo para siempre.

Ant. 1 Desead la paz a Jerusalén.

     SALMO 121

¡Qué alegría cuando me dijeron:
  "Vamos a la casa del Señor"!
  Ya están pisando nuestros pies
  tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
  como ciudad bien compacta.
  Allá suben las tribus,
  las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
  a celebrar el nombre del Señor;
  en ella están los tribunales de justicia,
  en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
  "Vivan seguros los que te aman,
  haya paz dentro de tus muros,
  seguridad en tus palacios".

Por mis hermanos y compañeros,
  voy a decir: "La paz contigo".
  Por la casa del Señor, nuestro Dios,
  te deseo todo bien.

Gloria al padre...

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

Ant. 2 Desde la aurora hasta la noche, mi
          alma aguarda al Señor.

     SALMO 129

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
  Señor, escucha mi voz;
  estén tus oídos atentos
  a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
  ¿quién podrá resistir?
  Pero de tí procede el perdón,
  y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
  espera en su palabra;
  mi alma aguarda al Señor,
  más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
  como el centinela la aurora;
  porque del Señor viene la misericordia,
  la redención copiosa;
  y él redimirá a Israel
  de todos sus delitos.

Gloria al Padre...

Ant. Desde la aurora hasta la noche, mi
       alma aguarda al Señor.

Ant. 3 Vendrán todas las naciones y se
            postrarán en tu acatamiento, Señor.

       CÁNTICO  Ap. 15, 3-4

  Grandes y maravillosas son tus obras,
    Señor, Dios omnipotente,
    justos y verdaderos tus caminos,
    ¡oh Rey de los siglos!

  ¿Quién no temerá, Señor,
    y glorificará tu nombre?
    Porque tú solo eres santo,
    porque vendrán todas las naciones
    y se postrarán en tu acatamiento,
    porque tus juicios se hicieron manifiestos.

  Gloria al Padre...

Ant.  Vendrán todas las naciones y se postrarán
         en tu acatamiento, Señor.

PRECES:

S. -Invoquemos al Señor Jesús, a quien el Padre entregó por nuestros pecados y lo resucitó para nuestra justificación diciendo:

 Señor, ten piedad de tu pueblo.

 -Escucha, Señor, a tu Iglesia en oración y haz
 que nunca le falten obreros en la mies de tu
 Palabra y de tu presencia Eucarística.

-Tú que por el Apóstol Pablo nos has enseñado
 que, dónde creció el pecado, más desbordante
 fue la gracia, perdona con largueza nuestros
 pecados.

-Haz que todos nosotros, a quienes elegiste
 como mensajeros de tu Evangelio seamos
 fieles y celosos administradores de los
 misterios del tu reino.

-Rey de la paz, concede abundantemente tu
 Espíritu a los que gobiernan las naciones,
 para que atiendan con interés a los pobres y
 postergados.

-Sé ayuda para cuantos son victimas de
 cualquier segregación por causa de su raza,
 color, condición social, lengua o religión, y
 haz que todos reconozcan su dignidad y
 respeten sus derechos.

-A los que han muerto en tu amor, dales
 también parte en tu felicidad, con María y
 con todos los santos.

S. -Atiende Señor, lo que te pedimos con fe, y concédenos incluso aquello que no nos atrevemos a pedirte y sabes que está en nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

ACCIÓN  DE  GRACIAS

MAGNÍFICAT

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
 se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
 porque ha mirado la humillación de su
 esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las
 generaciones, porque el Poderoso ha hecho
 obras grandes por mí: su nombre es santo,
 y su misericordia llega a sus fieles
 de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
 dispersa a los soberbios de corazón,
 derriba del trono a los poderosos
 y enaltece a los humildes,
 a los hambrientos los colma de bienes
 y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
 acordándose de la misericordia
 -como lo había prometido a nuestros padres-
 a favor de Abrahán y su descendencia
 por siempre.

  Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
  Como era en el principio, ahora y siempre
  por los siglos de los siglos. Amén.

 

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