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LA MALA O LA BUENA EDUCACIÓN

LA MALA O LA BUENA EDUCACIÓN 

Alomejor, cuando hemos leído el título del presente artículo nos hemos decantado por la segunda opción acerca de la educación, porque ¿cómo voy a dar una mala educación a mi hijo, o voy a escoger una opción poco adecuada para mi vida?

Quizá tengamos que echar mano del dicho que afirma que hagas lo que yo te diga, pero no lo que yo haga. Y es que muchas veces la realidad es muy distinta a como la pensamos, porque la “construimos” desde unos parámetros y valores que no nos benefician nada en el funcionamiento y crecimiento de nuestra persona.

“La mala educación” es el título de una película de Pedro Almodóvar. En ella, el director dice que “la mala educación no es un ajuste de cuentas con los curas, que me maleducaron, ni con el clero en general…La Iglesia no me interesa, ni como adversario”. Puede ser que lo poco o lo mucho que pueda tener de cualidades Almodóvar, se lo tenga que deber a la institución que lo maleducó, como él dice.

A uno le llama la atención ver que esta forma de pensar está muy presente en gran parte de nuestra sociedad. Que el que haya alguien que nos oriente en lo referente a la educación, desde unos planteamientos humanistas y religiosos, porque su fundador fue humano, nos incomode, porque ¿cómo me van a decir lo que tengo que hacer con mi viva?

¿Qué es eso de la educación? Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua “crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes; instrucción por medio de la acción docente; cortesía, urbanidad”.

Lo que no es educable es hacer que un niño pierda su inocencia (y se pierde cuando permitimos que sean precoces en temas que les tocará aprenderlos a su debido tiempo, o que vean en la televisión programas poco recomendables a deshora); que demos todo lo que nos piden para callar las bocas; que pensemos que nuestros hijos siempre llevan la razón, y por lo tanto no se les puede decir nada; que estén rodeados de cosas que lo que les hace es ser más individualistas y menos desprendidos. Hay padres que dicen que sus hijos tienen que tener de todo aquello que ellos no pudieron gozar en su infancia. Y hablo de los padres, porque ellos son los primeros maestros de sus hijos, quienes tienen que velar por el buen desarrollo de ellos. Luego vienen los arrepentimientos.

Por el contrario, la buena educación es aquella que nos humaniza ante todo; que  nos posibilita poner nuestras cualidades a disposición de los demás; que nos hace ser menos autosuficientes e individualistas; que nos anima a no decir solamente “yo”, sino también “tú” o “nosotros”; que nos pone en disposición de crear belleza; que nos recuerda que tenemos que dar gracias por todo lo que recibimos gratis; que intenta practicar la humildad; que nos hace caer en la cuenta de que todo no lo podemos poseer; que razona ante la opinión distinta del prójimo; que nos ayuda a regalar amor; que nos construye como personas.

Los dos caminos están trazados. ¿Con cual nos quedamos? No siempre lo fácil es lo mejor y lo que nos conviene. Las apetencias del momento pueden que hagan que nos decantemos por lo que más está de moda.El presente artículo lo que pretende es ayudarnos a que pensemos serenamente lo que estamos haciendo con las generaciones nuevas de nuestra sociedad. Ellas sí que necesitan de nuestra ayuda en el arte de educar.                                                  

Pedro Antonio Rodríguez Menchén

sacerdote

 

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