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¿Quien financia a quién?



Dios escribe derecho con renglones torcidos, y saca bienes de los males. El nuevo acuerdo al que han llegado Iglesia y Estado de que el porcentaje de la asignación tributaria se establezca en el 0,7 por ciento tiene mucho de justo y algo de gratitud a lo mucho que le debemos todos, creyentes y no, a la Iglesia Católica. Ha despertado además la curiosidad de muchos por conocer dónde y como utiliza la Iglesia ese dinero, ofreciéndonos una excelente ocasión para explicar a los cristianos, y a los no cristianos cómo funciona la economía de la Iglesia y qué hacemos y en qué y por quienes trabajamos. Esta es ahora nuestra tarea, para sacar bienes de tanta infamia, porque, ¿qué conocen de la Iglesia quienes dicen, entre otras muchas barbaridades, que los curas trabajamos media hora y con vino? (además de la falta de respeto a la Eucaristía) nada. 

   A muchos de los que hablan, desde el desconocimiento más absoluto o desde la parcialidad más radical, por lo que no saben lo que dicen, creo que les viene bien recordar la siguiente parábola hindú:

  Había en Benarés un rey que era muy sabio. Un día convocó en su palacio a cuatro ciegos de nacimiento. Después hizo traer a un elefante al gran salón del trono. Entonces dijo a los ciegos:

-Vais a tocar una cosa muy grande y me diréis qué es.

El primero tocó la cola del elefante y dijo:

-¡Seguro! Es una cuerda.

El segundo tocó la trompa y manifestó con seguridad:

-¡Es una serpiente!

El tercero tocó una pata y manifestó con mucha seguridad:

-¡Evidentemente es el tronco de un platanero!

El cuarto tocó el vientre y exclamó:

-¡Pero si es un tonel!

El insensato no percibe más que una parte de las cosas. No hay mayor ciego que el que no quiere ver. ¡Abre tu corazón y tu espíritu a la verdad! Y la paz reinará sobre la tierra.

   La Iglesia, compuesta por santos y pecadores, de tantos y tantos que trabajan calladamente por el bien de los demás, nos ayuda a todos a vivir como personas libres, como hijos de Dios y hermanos de todos, como ciudadanos responsables. Por todo ello debemos dar muchas gracias a Dios.

   Y he dicho que el 0´7 por ciento, que libremente le damos los que queremos, tiene mucho de justo y algo de gratitud a lo mucho que todos le debemos a la Iglesia, porque, si alguno tiene la curiosidad de mirar la página web del Ministerio de Educación, podrá comprobar que, en el año 2004, los alumnos de la escuela concertada católica ascendieron a 1.350.714, y el gasto público en ellos fue de 2.979 euros por alumno. Sin embargo, los alumnos en la pública fueron 4.636.582, y el gasto, de 7.094 euros por alumno. Esta diferencia de 4.115 euros por alumno quiere decir que, sólo en educación, la Iglesia financia al Estado con 5.558 millones de euros, mientras que el Estado sólo le entregó 22 millones a la Iglesia en el IRPF de 2004, aparte del 0,52% que libremente dimos algunos ciudadanos en nuestra declaración y, por tanto, no es financiación del Estado. 5.558 millones de euros frente a 22. ¿Quién financia a quién?

   No miren las páginas, que se pueden caer de espaldas, del Ministerio de Asuntos Sociales, en donde se pueden comparar lo que nos cuesta una plaza en una residencia de mayores cuando la atienden unas monjitas y cuando es pública. En donde se pueden comparar lo que cuesta una plaza de minusválido cuando la atienden unas religiosas y cuando es pública. En donde se pueden comparar lo que cuesta una plaza de guardería cuando la gestiona la Iglesia y cuando es pública… no digamos de enfermos psíquicos, de los cuales gestiona la Iglesia el 80 %, ni de enfermos de SIDA, que gestiona más del 90, ni de leproserías que gestiona el 100 % (las dos que hay en España) porque la sensibilidad cristiana fue la primera en ocuparse de estos campos y porque no hay quien lo haga… ¿Quién financia a quién?

   Para compensar parcialmente dicho “abuso”, podría acogerse la Iglesia -es una hipótesis comparativa odiosa, pero la hago por si a alguien le da luz- al sistema de financiación del cine. Me explico. Y no tengo nada en contra del cine. Los cineastas recibieron el año pasado unos 60 millones de euros en subvenciones, y sus películas tuvieron 18,7 millones de espectadores, es decir, 3,16 euros por espectador. Según el CIS, 7,2 millones de españoles asisten religiosamente a Misa todos los 60 días de precepto que tiene un año, es decir, las celebraciones eucarísticas tienen 432 millones de espectadores anuales, sin contar los que asisten a Misa todos los días y los que sólo fueron a entierros, bodas, bautizos y comuniones. Aplicando a la Iglesia el régimen de financiación del cine español, a razón de 3,16 euros por espectador, el Estado debería subvencionarla con 1.555 millones de euros al año. ¿Quién financia a quién? Con cultura y deporte también pude hacerse comparaciones y tengo muchísimo a favor de la cultura y el deporte, porque ¿sabemos, por ejemplo, lo que nos cuestan los disgustos que nos da la Selección Española? Todo esto nos ayudaría a ver ¿Quién financia a quién?

   Es totalmente justo amigos y más que justo, que el Estado colabore con la financiación de la Iglesia con todo lo que se ahorra gracias a su labor, por la misma razón, aunque más, por la que debe colaborar con las ONGs. Además, que yo sepa, también financia partidos políticos y sindicatos ¿no? Quienes no quieren dar un duro a la Iglesia, ¿estarían dispuestos a pagar de su bolsillo toda la obra social que la Iglesia hace y que se ahorra toda la sociedad? Porque las subvenciones del Estado no llegan ni al 30% del presupuesto de Cáritas, por ejemplo. El 70 % restante nos lo ahorramos todos, pues la obligación de cuidar a los pobres, los inmigrantes, los enfermos etc, es de toda la sociedad, y resulta que hay unos pocos que lo hacemos gratis, mientras se lo ahorran los demás, y encima nos llaman privilegiados y no sé cuantas cosas más, por pedir que nos ayuden a mantenernos económicamente. ¿Quién financia a quién?

    Por otro lado, lo que hacemos es en muchísimos casos impagable, por lo que los aspectos económicos los entendemos como mera consecuencia de la vida de los cristianos que participamos en la vida de la Iglesia, que nos educa a entregar la vida y sostener una manera de ser que es el mejor patrimonio para nosotros y para esta sociedad. La existencia de una comunidad de cristianos tan numerosa es la mejor contribución que se le puede hacer a un país.

Si la Iglesia cerrase todos sus centros, me da a mí que los impuestos subirían un buen porcentaje y entonces veríamos con claridad ¿Quién financia a quién? A ver si el año que viene, todos los creyentes marcamos la casilla de la Iglesia, que con ello no pagamos ni un céntimo más y hasta ahora sólo lo venimos haciendo un 32 % y se animan también los que tengan conciencia  o algo de ciencia, aunque solo sea por conveniencia, pues está más que claro quien financia a quien.

Ángel-Daniel de Toro González

 

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