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Propuestas Cristianas ante la Crisis Económicas

Esta es la promesa en la que vivimos. Este es Cristo, al que tenemos entre nosotros con su Palabra, en los sacramentos, en el hermano necesitado. Cristo, que llegará a este mundo en la más humilde y santa de las pobrezas. Se ha convertido en el asunto de actualidad. En cualquier lugar y situación, el tema de preocupante interés se llama crisis. Un estado, en muchos casos angustioso, y no solo de inseguridad económica inmediata, sino de una inquietud muy grande sobre el mismo futuro del trabajo y de la familia. Se sospecha que estamos abocados a una verdadera recesión. Dios quiera que no sea así esa inseguridad, para muchas personas, es un estado permanente, siempre «en crisis», en una situación continuada de indigencia, de carencias de todo tipo, sin posibilidad de cambiar su realidad individual, familiar y social.

¿Cómo superar esa crisis permanente originada por la pobreza, en la que se ha perdido hasta la capacidad de esperanza de poder salir de ella? Nuestra Cáritas Diocesana, en colaboración con las distintas Parroquias, comunidades religiosas y otras entidades, tiene en marcha distintos programas dedicados especialmente a personas que se encuentran en esta particular situación de indigencia. No pocos de estos problemas de carencia de atención y de asistencia aparecen de una forma especialmente dolorosa en los días de invierno. Y es por ello que Cáritas hace un esfuerzo particular por recabar ayudas con las que pueda llevar adelante unos programas de atención a los pobres.

En este tiempo, cuando la memoria se vuelve al misterio de la Encarnación del Señor, tendremos un cuidado especial en mirar a los que más parecido tienen con Cristo. Ellos nacen y viven pobres. Estar a su lado y ayudarles es criterio de autenticidad para saber si cumplimos el mandamiento del amor fraterno. Como he recordado en otros momentos, en manera alguna tenemos soluciones técnicas, ni políticas, si quiera sociales. Pero, desde la responsabilidad moral que nos ofrece la luz del Evangelio, y sabiendo quiénes van a ser los más afectados en estos momentos de dificultad, quiero reiterar las siguientes recomendaciones:

 – Que en todas las Parroquias haya una atención particular para aquellas personas que puedan estar en especial situación de dificultad. Estimular la caridad fraterna de los fieles, recordarles la obligación de compartir los bienes que recibimos del Señor.

– Nuestras comunidades de vida consagrada, asociaciones, movimientos y hermandades, que en sus programas de acción caritativa y social hagan un esfuerzo de generosidad en estos momentos de dificultad.

– Colaboraremos con otras asociaciones y entidades ciudadanas en aquellas acciones sociales de solidaridad con los más afectados. Pero que nuestro apoyo no sirva nunca como excusa para que las autoridades públicas se inhiban de la grave responsabilidad que les incumbe como primeros responsables del cuidado de los más desfavorecidos. – Las distintas secciones de Cáritas Diocesana facilitarán las informaciones y sugerencias necesarias para emprender las acciones más convenientes.

– Recordar la doctrina social de la Iglesia, particularmente en todo aquello que se refiere al derecho al trabajo y a tener un empleo digno, y apoyar aquellas justas medidas que propongan las autoridades competentes. No debemos olvidar que las situaciones de dificultad social y económica suelen llegar, más como efecto de una conducta poco ética que por unas presuntas causas desconocidas. Incluso, en algún momento, parece como si las propuestas de solución se dirigieran más a arreglar problemas de los poderosos que a la atención a los débiles.

– Pedir a Dios que ayude a los dirigentes para que puedan encontrar, cuanto antes, los mejores caminos de solución. Pero que, en forma alguna, se recorte en los presupuestos las partidas que se han de dedicar a las ayudas sociales. Que todos sepamos cumplir con nuestras obligaciones como ciudadanos y como cristianos. Y no olvidar nunca que la primera norma y regla de nuestra vida es la del mandamiento nuevo del Señor, el amor fraterno.

Si el Adviento es tiempo de esperanza, también lo tiene que ser de caridad, de amor fraterno, de sentir la presencia cercana del Señor «pobre entre lo pobres». Con mi bendición,

† Carlos, Cardenal Amigo Vallejo
Arzobispo de Sevilla

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