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Carta a un Joven

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Me pide el autor de esta Carta le escriba unas líneas que sirvan de presentación y casi como de guía de lectura. No podía negarme. Me une a Ángel Daniel no sólo la amistad fraterna del sacerdocio compartido en nuestro presbiterio de Ciudad Real, que es lo básico. Además, he tenido la suerte de ser profesor suyo. Sí. Corría la década de los 80 (del siglo XX, claro). Entonces se incorporó él a la vida de nuestro Seminario Diocesano. Y allí me encontró, como profesor de Lengua y Literatura Española. Destacar ahora su aprovechamiento, me parece innecesario. Los que lo conocéis podéis sobradamente dar fe de ello. Y los que no habéis coincidido con él, ahora, a  través de esta publicación, lo comprobaréis.
 
     Ángel Daniel es un cura al que los años de docencia desde que, en 1990, comenzó a ejercer el ministerio, le han agudizado su pasión por la enseñanza. Es algo que se le escapa, más allá del aula, más allá del púlpito, más allá del encuentro personal... más allá. Aquí tenemos el ejemplo. Quiere llegar a todos. A los que tiene cerca y a los que ni siquiera conoce. Porque es consciente de la necesidad de manejar ideas, de clarificar y deshacer tópicos. Porque le quema en el alma el ambiente cultural que nos rodea, capaz de poner en tela de juicio (confundiendo a muchos) las bases de nuestra cultura, incluida la actitud religiosa. Porque tiene muy claro que, aun en medio de las dificultades, todos debemos asumir las propias responsabilidades y tratar de construir personas para una sociedad mejor. Porque le sale de dentro acompañar, aconsejar, ayudar... querer a la gente.
 
      ¿Qué nos ofrece Ángel Daniel? Un escrito, en estilo epistolar, como su mismo título indica: Carta a un Joven. Se trata de una nueva edición de la obra publicada en 1999. Pero, ahora, aumentada y corregida notablemente. Baste con decir que se ha pasado de las 25 cartas de aquella ocasión, a las 50 de esta. Su sentido más profundo, antes y ahora, está en la búsqueda y explicación de la verdad. Para ello, utiliza la experiencia y la razón... y la fe. Su visión, como no podía ser de otro modo, es abiertamente cristiana. 
 
     Debido a su afán didáctico, en este escrito, no hay artificios. Una carta es un modo de conversación. Y siempre tiene como destinatario a alguien conocido y hasta querido. Tiene, por tanto, un estilo claro, ágil. Si, además, habla con personas muy cercanas, y que son hasta familiares suyos, la proximidad es insuperable. Se dirige siempre a una segunda persona (un tú), que tiene delante. Más todavía, se dirige a todos: "Querido Adán "(de la tercera carta) y "Querida Eva" (de la cuarta). Aquí entran los Matrimonios de Socuéllamos, del I.E.S. Fernando de Mena, sus propios hermanos...  Es decir, su lenguaje es claro y directo. Como el que se utiliza en una conversación, cara a cara, con un interlocutor. Así, logra crear un clima de amistad (saludos y despedidas), como si tuviera realmente delante al lector, que se identifica con cada uno de los destinatarios.
 
     Por eso, el juicio que recoge en cada carta dista mucho de ser un razonamiento abstracto y lejano. Se fija, más bien, en hechos, en personas, en actitudes... concretas. Su fuente es la observación de la realidad. Y habla sobre ella. Eso sí, su mirada, como es lógico, acaba siendo subjetiva. Lo que no oculta en ningún momento. Por esta razón, habla él directamente, en primera persona. Y ello le concede un altísimo valor de veracidad y de valentía.
 
     Y, por eso, el texto nos ofrece abundantes expresiones coloquiales: ¿recuerdas?; fíjate; mira, N.; verás, N.; puñetera economía... Lo que engancha al lector y le toca directa y personalmente.
 
     Estos ingredientes le permitirán llegar a un amplio y variado público. Estoy seguro de que no se quedará sólo en los más jóvenes, a los que él escoge como destinatarios directos. También los padres y muchos otros se asomarán con gusto y con fruto a estas páginas. Los que hacen didáctica, también Ángel Daniel, tienen siempre delante a todos. Este libro sirve para todos: desde aquel al que le está brotando con fuerza el acné de la duda, el razonamiento y la rebeldía; pasando por el que ha asentado su vida,  porque  ha  decidido  su  orientación  o  ha comenzado a saborearla; hasta a aquellos que, por su responsabilidad para con otros (hijos, alumnos...), necesitan ideas y orientación.
 
     No estamos ante una obra que pretenda ser original, pero pone al alcance de todos lo que muchos han tratado y él conoce y vive con convencimiento. Esto acerca a todos, porque nos está hablando de lo que cada uno de nosotros nos preguntamos diariamente. En este sentido, el libro tiene una grandísima actualidad. Él mismo clasifica los temas que trata. Basta mirar el índice. No rehúye ninguno, por muy debatido que esté. Se puede afirmar que, con él, repasamos prácticamente todos los temas de la actualidad de nuestros días: Europa, Ecología, Vacaciones, Educación, Sexo, Vocación, New Age..., Voluntariado, Familia, Grupos Juveniles (parroquiales), Oración, Misiones, Navidad, Vocación, Televisión, Posturas ante la vida...
 
     Dos cosas más, considero que es preciso añadir:
     Ángel Daniel nos presenta su parecer sin componendas ni promesas fáciles: exigiendo, en un lenguaje muy propio de los jóvenes (como buen conocedor de su mundo y muy preocupado por ellos). Pide testimonio y compromiso. Pide actuaciones directas y valientes entre y para los jóvenes... También esto, aunque parezca lo contrario, tiene su atractivo y su eficacia.
 
     Se trasluce un desgarro fuerte en el autor, dándonos a entender bien a las claras su disgusto por la frivolidad y bobaliconería de muchos. Esto le viene provocado por su amor a la juventud, que, a la vez, le lleva a no poder callar ante y para ella. Esa es, a las claras, la motivación y la finalidad de la obra.
 
 
Miguel Esparza Fernández
Vicario General
Diócesis de Ciudad Real

 

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