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Adviento y Navidad

 

     El hilo conductor de las lecturas del A.T. en este Adviento, podemos resumirlo en tres palabras: justicia, paz y gozo. Para la Biblia las tres son “don de Dios” y la mejor descripción de los tiempos mesiánicos.

...para el Mundo

     j u s t i c i a,

                         p a z     y

                                           g o z o

     En este tiempo litúrgico estamos especialmente invitados a esperar en el Señor que viene a transformar nuestra vida y toda la historia de los hombres, estamos pues, invitados a colaborar con Él, para construir juntos un mundo nuevo, que brotará en medio de nosotros del tronco de la fe y de la obediencia a la Palabra de Dios.

I  Domingo de Adviento

 

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     El primer domingo se proclama la llegada al trono de un nuevo soberano, descendiente de David, a través de dos símbolos llamativos: el retoño de un árbol y el nombre de una persona. En la Biblia, el nombre de una persona indica, en cierta forma, su existencia y su destino. El nuevo rey será llamado “Señor-nuestra-justicia”, porque Él traerá la verdadera justicia al mundo.

II Domingo de Adviento

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     El segundo domingo escucharemos al profeta Baruc y de nuevo aparecerá el símbolo del nombre. Dios da un nuevo nombre a Jerusalén, es decir, le cambia la suerte y el destino. A un pueblo que ha conocido la tragedia y el sufrimiento del exilio se le anuncia que es posible volver a creer y a esperar en la felicidad y en el gozo.

III  Domingo de Adviento

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     El tercer domingo proclamaremos un trozo muy conocido del profeta Sofonías. “El Señor es rey de Israel en medio de ti”. Esta presencia fiel y perenne de Dios en medio del pueblo es parte fundamental de la fe bíblica. Con este rey invencible y poderoso, el pueblo no tiene por qué temer y vivirá en paz.

IV Domingo de Adviento

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     El cuarto domingo de Adviento, volvemos a escuchar otro texto clásico de la teología mesiánica del A.T. (Miq. 5, 2-5). Este último domingo es una invitación a esperar con gozo la entrada de Dios en la historia humana y en nuestra carne frágil, a través del mesías pobre y humilde que nace en Belén, Jesucristo el Señor, “que ha de ser el soberano de Israel”.

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NAVIDAD EPIFANIA

Desde el Adviento a la Epifanía (fiesta de los reyes magos) y el Bautismo del Señor, hay un único movimiento: la celebración de la venida del Señor, que se prepara en la espera del Adviento, se celebra en su inauguración de Navidad y en sus primeras manifestaciones o epifanías, y se intenta siempre vivir en nuestra existencia cristiana, camino de la manifestación definitiva del final de los tiempos.

Navidad y Epifanía celebran el mismo misterio. La Navidad acentúa sobre todo el nacimiento: Dios se ha hecho hermano nuestro. La Epifanía pone más énfasis en la manifestación de su divinidad, sobre todo a los magos de Oriente, acontecimiento que la liturgia une al del Bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná con su primer milagro.

Lo que celebramos los cristianos en estas dos o tres semanas del tiempo de Navidad es el misterio de Cristo que se nos comunica haciéndose regalo. Cuando afirmamos que la Navidad es un regalo queremos significar que la gracia del Nacimiento del Hijo de Dios se nos hace presente y se nos comunica en la celebración de esta fiesta. No se trata sólo de un recuerdo pedagógico, aleccionador, del acontecimiento de Belén, entrañable por demás.

En estos días oímos muchas veces –en las oraciones, prefacios y antífonas de la celebración– la palabra hoy: «hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor»; «hoy una gran luz ha bajado a la tierra»; «hoy ha nacido Jesucristo, hoy ha aparecido el Salvador, hoy en la tierra cantan los ángeles, hoy saltan de alegría los justos».

Lo mismo sucede en la fiesta de la Epifanía: «hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación»; «hoy la estrella condujo a los magos, hoy el agua se convirtió en vino, hoy Cristo fue bautizado»; «hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo».

Belén de la Residencia de Ancianos
c/ Bonillo, 106

Belén realizado por D. Socorro Moreno
c/ Paseo Mártires, 47

No es sólo un aniversario. Es actualización y nueva presencia del misterio salvador de un Dios que se ha hecho de nuestra familia. De alguna manera nos hacemos contemporáneos del nacimiento de Cristo y de su manifestación.

FIESTAS DE ESTE TIEMPO LITÚRGICO DE NAVIDAD

  • NATIVIDAD DEL SEÑOR (25 de Diciembre): Cristo nace en medio de los seres humanos y se manifiesta a su pueblo.
  • FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA (Domingo después del 25 de Diciembre): Jesús nace en el seno de una familia.
  • SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS (1 de Enero): María va a conservar todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
  • EPIFANÍA DEL SEÑOR, FIESTA DE LOS REYES MAGOS (6 de Enero): es la manifestación del Señor a todas las gentes. Unos magos ven la estrella que les guía, y van a adorar al Salvador del mundo.
  • FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (Domingo después de la Epifanía): con el Bautismo, Jesús es presentado oficialmente por el Padre, para ejercer la misión de salvar al mundo:”Este es mi Hijo, el amado, escuchadle”..

Belén
Colegio Público Carmen Arias

Belén
Colegio público Gerardo Martínez

CÓMO SURGIO LA TRADICION DEL BELÉN

Si bien hay un debate histórico, se atribuye su invención a San Francisco de Asís
La descripción de la escena del nacimiento de Jesús que hace el Evangelio es explícita pero sumamente sobria: «Mientras ellos estaban allí, se le cumplieron (a María) los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento».

¿Cómo surgió en la Iglesia católica la costumbre de reconstruir la ciudad en que nació Jesús, Belén?

Desde los primeros años del cristianismo fueron surgiendo los elementos que poco a poco conformaron el escenario y los personajes del belén. En ese sentido, los evangelios apócrifos (no reconocidos por la Iglesia). La estrella de los reyes de la que habla Mateo, guía del rey de Oriente hacia Belén, se convirtió en el Espíritu Santo para el «Evangelio de los hebreos». La cueva surgió de un «Diálogo» de Justino (quien citó una profecía bíblica: «Vivirá de cueva en cueva, de piedra dura») y de una descripción de san Jerónimo que en el 404 habló de cueva del Salvador. En la «Ascensión de Isaías», las lavanderas eran las nodrizas que lavaron los vestidos después del parto de la Virgen. Este texto incluso menciona el nombre de una de ellas, Salomé. El buey y la mula surgieron del «Protoevangelio de Santiago», confirmando una visión de Isaías de Habacuc. San Paulino de Nola escribió que eran símbolo de la liberación de la esclavitud. En el siglo V un decreto papal, citado en una homilía de san León Magno, fijó definitivamente el número de los magos, que hasta aquel momento oscilaba entre dos y doce.

Mientras tanto el calendario cristiano había fijado finalmente la fecha del nacimiento de Jesús en el 25 de diciembre. El primer calendario litúrgico que incluye la celebración de Navidad fue el del 320. El 25 de diciembre, fiesta romana del solsticio de invierno («Dies natalis solis invicti»), es el día en el que el sol deja de descender respecto al ecuador celeste, y los días se alargan. Los padres de la Iglesia llamaban a Jesús «Sol de Justicia» y la liturgia ortodoxa lo representa como «Luz del mundo».

Entre el 432 y el 440 Sixto III llevó a Roma algunos fragmentos de la santa cuna, a la que entonces fue llamada «Santa Maria ad preasepe» (Santa María en el pesebre), y que después pasaría a recibir el nombre de Basílica de Santa María la Mayor. En esta Iglesia de Roma comenzó la costumbre de celebrar la misa de medianoche, tomada de una análoga tradición de Belén. La atribución del oficio de carpintero a José, que durante siglos fue titubeante, se impuso en el siglo VI a través de las representaciones de los marfiles bizantinos.

Algunos historiadores consideran que el inicio del belén como tal tiene lugar con el acta notarial que se registró en Nápoles en el 1025 en una Iglesia, Santa María «ad praesepe», llamada «La redonda». Sin embargo, en este caso, como en el de Santa María la Mayor parece que se trata más bien de capillas destinadas a guardar fragmentos más o menos verdaderos, recogidos en Tierra Santa.

A partir del siglo VIII el nacimiento y la resurrección de Cristo se convirtieron en el tema de escenificaciones costumbristas tomadas de los Evangelios, representadas en las plazas. Con el tiempo el sentido religioso de los recitales se fue deteriorando, de modo que frailes y curas predicaron contra la vulgarización, hasta el punto de que el mismo Inocencio III lo criticó. Fueron estas representaciones teatrales quienes introdujeron la mezcla de los personajes evangélicos con otros profanos inventados, en ocasiones fuera de tiempo y lugar (los pastores, por ejemplo, se convirtieron en campesinos y artesanos del aquel tiempo).

Pero la fecha que no hay que olvidar es el 1223. Dieciséis años antes, Inocencio III había prohibido las representaciones sagradas. Francisco de Asís, llegó a Greccio con su inseparable hermano León, para evangelizar a los habitantes de aquella áspera tierra. Para sensibilizarles se le ocurrió pedir una dispensa a Honorio III. San Francisco había descubierto una gruta en los bosques montañosos, a pocos pasos de su espartana cabaña, y pensó que era el lugar ideal para hacer revivir el «Nacimiento» del Redentor.

Obtuvo la ayuda de Giovanni Vellita, el generoso rico del pueblo, que le consiguió el pesebre, la paja y los animales. La noche de la vigilia, con el toque de las campanas, convocó en la gruta a todos los habitantes de Greccio. Vinieron a pie, o a lomos de burro y de caballo, sin darse cuenta, como los pastores llegaron al pesebre. La historia narra que durante la misa Francisco habló a los fieles, y los ojos rojos y enfermos del santo lloraron por los sufrimientos del redentor. Como por milagro, por un momento, vio materializarse al Niño entre sus brazos. Francisco de Asís murió dos años después. Si bien puede ser excesivo considerar que aquella noche de Greccio fue el origen del nacimiento, sin embargo es legítimo considerarlo como el punto de partida de un fenómeno de una difusión extraordinaria en todo el mundo. Los franciscanos, a ejemplo de su fundador, se convirtieron en los pioneros del «Belén» en las iglesias y conventos que abrieron por toda Europa. Por ello, desde 1986, san Francisco es considerado el patrón universal del belén.

Belén de los alumnos de 3º  de Primaria (realizado con tapones de corcho y plastilina)
Colegio Concertado Virgen de Loreto

Belén de los alumnos de 4º de Primaria
(realizado con vasos de plástico reciclables)
Colegio Concertado Virgen de Loreto

Pastores y Reyes de Oriente. Historia y tradición de estos personajes del Belén

Ha nacido el Niño en un pobre portal de un pequeño pueblo. Solos están María y José, acompañados de una mula y un buey. Pero el evangelio y la tradición nos cuentan que, enseguida, Jesús fue visitado y adorado como Dios por unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños y por tres poderosos magos que acudieron inspirados desde las remotas tierras de oriente.

Unos tres kilómetros al este de Belén se encuentra el poblado cristiano de Beith-Sahur, que la más antigua tradición consigna como el lugar en que el ángel se apareció a los pastores, tal y como narra San Lucas (Lc II, 8-21). Y allí mismo, para recordárnoslo, existe hoy una preciosa capillita decagonal.

Una muy antigua tradición afirma que los restos mortales de los tres pastores primeros a los que se apareció el ángel ¬Jacobo, Isacio y Josef¬, se conservan en la salmantina villa de Ledesma, en cuya iglesia, en efecto, hay una arqueta que contiene diversos restos óseos y en la que se guarda un documento escrito donde se hace constar la autenticidad de tales reliquias.


La figura de los magos, que no falta en ninguna representación belenística, tiene una aparición plástica y testimonial antiquísima.


Melchor, Gaspar, Baltasar

La austera descripción que de ellos realizan los evangelios suscitó las más diversas interpretaciones, siempre tendentes a aclarar su lugar de procedencia, su número, así como otros detalles en torno a sus presentes y su presencia ante Jesús. San Mateo cita en el texto evangélico que los Magos proceden de Oriente, y precisar el país concreto del que éstos provendrían fue afán continuo de los primeros apologetas del cristianismo.

La afiliación persa, que desde pronto se dará como definitiva ¬el español Prudencio en el siglo IV ya los describe como tales¬, la confirman las primitivas representaciones plásticas de los Magos en los primeros siglos, en que aparecen ya con la típica vestimenta persa.

Respecto a los presentes que ofrecieron al Niño, ya en un texto irlandés del siglo IX, atribuido a San Hilario, se afirma que Melchor portaba el oro, Gaspar, el incienso y Baltasar, la mirra. Oro, incienso y mirra son, como todos conocemos, presentes de carácter simbólico que recogen la condición divina y humana de Cristo, su redentora resurrección y su preeminencia como nuevo rey de los hombres.

¿Cuál era la condición de aquellos personajes? Todos los tratadistas coinciden en denominarles "magos", término que en lengua vulgar de los persas significa sabio, sacerdote. Serían, pues, miembros de una casta superior, individuos estudiosos e instruidos, capaces de desentrañar la misteriosa aparición de la estrella.

La denominación de "reyes", en sustitución de "magos", en un principio fue combatida por la Iglesia, pero pronto halló fortuna entre las clases populares. A ello contribuyó, en gran medida, la calidad de los regalos ofrecidos, pero, sobre todo, el hecho de que el oficio de mago, se asociaba, por los primeros cristianos, siempre a ritos profanos.

Belén de los alumnos de 2º de Primaria
Colegio Concertado Virgen de Loreto.

Estrella de Belén de los alumnos de 6º(realizado con discos)
Colegio Concertado Virgen de Loreto

Belén particular

Belén particular

 

Belén del Ayuntamiento
c/ Generalísimo

 

Bendición del belén familiar


Reunida la familia, el padre o la madre dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden: Amén.
El que dirige la celebración puede decir: Alabemos y demos gracias al Señor, que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo. Todos responden: Bendito seas por siempre, Señor.

El que preside puede explicar:
Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.
Y uno de los miembros de la familia lee un texto de la sagrada Escritura:
Escuchemos ahora las palabras del santo Evangelio según san Lucas (Lc 2, 4-7a):
En aquellos días, José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre. Palabra del Señor.
Después de la lectura, según las circunstancias, puede cantarse un villancico navideño u otro canto adecuado.
Sigue la plegaria común:
En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle: - R/. Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

- Oh Cristo, por el misterio de tu sumisión a María y a José enséñanos el respeto y la obediencia a quienes dirigen esta familia. R/.
- Tú que amaste y fuiste amado por tus padres,
afianza a nuestra familia en el amor y la concordia. R/.

- Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre,
haz que en nuestra familia Dios sea glorificado. R/.

- Tú que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite a nuestros familiares,
que otros años celebraban las fiestas de Navidad con nosotros, en tu familia eterna. R/.
Oración de bendición. Oremos. Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir este nacimiento y a la familia que está aquí presente, para que las imágenes de este Belén ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
El que dirige la celebración concluye el rito, santiguándose y diciendo: Cristo, el Señor, que se ha aparecido en la tierra y ha querido convivir con los hombres nos bendiga y nos guarde en su amor.

Todos responden: Amén.

Belén particular

Belén particular

 

 

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